Alabama Shakes en Bogotá: Una experiencia religiosa

Por: Pablo Chilito

Fotos por: Sebastián Pedroza Vera

Por cosas de la vida conozco a Alabama Shakes desde que tengo 13 años, pero en ese momento mi “existencia” musical no les puse la atención que merecían. Durante esos primeros años de mi adolescencia, mis días estaban acompañados por otro tipo de sonidos más pesados.

Cuando la banda lanzó su primer EP, con título homónimo, no sé por qué decidí darles la espalda y seguir escuchando bandas de rock/grunge noventeras. Hace 5 años mi pan de cada día eran Nirvana, Radiohead y algunas otras bandas que con el tiempo fui olvidando; pero, debo reconocer que nunca me acerqué a estos nuevos sonidos que muchas personas asociaban al indie rock. 

Fue hasta hace 3 años cuando decidí darle la oportunidad a los artistas que en el pasado me negué a escuchar. Entre esos estaban Arcade Fire, Beach Fossils y mis queridos Alabama Shakes.

Me pasa algo muy curioso con esas bandas y es que cuando decido escucharlas lo hago sin importar cuántos discos hacen parte de su discografía. A fin de cuentas —y de alguna manera— quedo enamorado de todas sus canciones, por más que en Pitchfork o NME —mis medios de referencia en ese momento— califiquen los discos siguiendo criterios que me hacen preguntar: ¿en qué estaban pensando cuando escribieron esto?

Como muchos de ustedes —aunque quizá no todos— comencé mi descubrimiento de Alabama Shakes por ‘Hold On’, el primer sencillo de su ‘Boys & Girls’.

Recuerdo que escuché la canción tanto que me aprendí la letra como a las doce veces de haberla repetido. Después de escuchar todo el álbum quedé enamorado de canciones como ‘You Ain’t Alone’ o ‘Heartbreaker’, siendo esta última una de mis favoritas. Fue un segundo después de terminar este disco cuando comencé a soñar con que algún día podría ver esta banda en vivo. Gracias a la vida, bastaron tres años para que el sueño se hiciera realidad.

‘Sound & Color’, su segundo larga duración, salió a la venta el 21 de abril del año pasado. Unas horas después que hicieran el release en Spotify, como fiel devoto, dediqué toda una tarde a escuchar y repetir este disco.

Su sonido había madurado y las nuevas canciones eran tan increíbles como la idea de que habían regresado. Los 12 tracks que lo componen despertaron aún más mis ganas de tenerlos en frente, y el 6 de octubre la ilusión se convirtió en realidad: Alabama Shakes era parte del Festival Estéreo Picnic 2016.

En ese mismo instante, luego de escuchar la noticia, pensé dos cosas: la primera es que, por cuarto año consecutivo, ser creyente me había vuelto a sorprender; la segunda fue, la vida es muy bella cuando tienes la oportunidad de ver a una de tus bandas favoritas en el FEP.

Así, después de marcar y tachar 157 días en mi calendario por fin llegó la tan esperada cita con ese destino que llevaba por nombre «Viernes 11 de Marzo».

Mi experiencia comienza ese mismo día, a las 7:30 de la noche, con un Tigo Music medio lleno/medio vacío durante la presentación de Oh’LaVille —que me sorprendieron bastante gracias a esa fuerza y emoción con la que se entregaron al público—.

Media hora después de la presentación de estos gigantes nacionales, me preparé para recibir a lo que sería, en lo personal, uno de los mejores actos del festival este año. La lluvia no hizo falta a eso de las casi ocho de la noche —el jueves había pasado igual—. Mientras la gente se empapaba, y muchos decidían hacerle frente a la lluvia con ese calor que solo los fans sabemos darle a las bandas, la prueba de sonido inició. Entre los acordes de la guitarra se alcanzaban a distinguir algunas canciones, pero como no quería matar la emoción, decidí no esperar nada y recibir una de las mayores sorpresas de mi vida.

Mientras el agua se nos colaba por entre las capotas y las mangas, a las 8:15 p.m el escenario estalló en medio de miles y miles de aplausos que recibían a la maravilla de Alabama. Como no pude evitar las ganas, se me aguaron los ojos mientras aplaudía con las manos bien arriba y chiflaba para hacerme sentir entre tantas voces que gritaban: «Te amo Brittany» y «¡Jueputa, por fin!».

¿Han sentido que la piel se les pone como de gallina cuando la banda toma sus instrumentos y en menos de un parpadeo inicia la magia? Si lo han sentido, sabrán que eso me pasó cuando Brittany Howard encendió la noche con ‘Future People’.

Qué hermoso sonaba ese intro en el parque de la 222. Aún hoy, mientras escribo esto, siento como se me aguan los ojos al escuchar esa canción. Tantas manos arriba coreando a una sola voz esta canción, tantos que saltaban y gritaban de la emoción porque esto —¡sí, esto!— estaba sucediendo por fin en nuestro país.

‘Dunes’ fue la segunda canción que nos llegó al corazón. Me bastó tan solo con escuchar la poderosa combinación guitarra/batería/voz para sentir que estaba en un pedazo del cielo.

El canto de Britt era celestial, y me movía tanto que el coro de esta canción fue uno de los que más grité junto a todos los seguidores de la banda. Todos en el escenario sonreían mientras se daban cuenta que Colombia era una de las mejores paradas del tour, y, de paso, uno de los mejores países en los que alguna vez habían tocado.

La batería nos cautivó a todos con canciones como ‘Rise To The Sun’ y su «Where’s my home / Where I belong / Where I was born».  Tantos interrogantes y una sola respuesta: ustedes pertenecen a este país, a esta tierra que con todo el corazón los recibió en medio de la lluvia, en medio del frío, en medio de la noche estrellada que llenaba nuestros ojos con esos luceros y nos hacía estremecer a cada segundo que transcurría.

Después que terminó la canción, la banda se dirigió al público.

Brittany saludó a Bogotá y todo explotó, las manos se alzaron de nuevo, una sola voz nos reunió a todos, y gritamos de la mejor manera que podíamos, todo para hacerlos sentir que aquí eran y siempre serán bienvenidos. Ver la cara de los miembros de la banda nos hizo emocionar, esa felicidad que en ellos se veía, creo yo, jamás la habíamos experimentado con algún otro artista. ¡Se habían sonrojado!

La guitarra al mejor estilo de rock sureño norteamericano nos puso a bailar. ‘Hang Loose’ era una de esas canciones que sí o sí tenían que tocar, pues después de tantos años se había convertido en una de las favoritas del ‘Boys & Girls’. Como si fuera un interludio, el público no se sintió durante esta canción (algo raro, a decir verdad). Pero lo que estaba por venir era todavía mejor…

«Let’s all make memories / Precious and temporary / Of all the people I meet / I want to take it all with me». Eso que ustedes acaban de leer, mientras cantaban mentalmente, fue uno de los fragmentos de ‘Shoegaze’ que más duro canté esa noche.

Así como Alabama Shakes se llevaba un recuerdo de Colombia, ese concierto estaba lleno de sensaciones compartidas, lleno de parejas que por mucho tiempo anhelaban ver a esta banda en vivo; lleno de personas que solas se gozaron toda la presentación; o grupos de amigos, como fue mi caso, que una vez más se vieron unidos por la música. El final de esta canción quedará enmarcado en nuestras mentes por siempre. Después de declarar lo feliz que se sentían, Brittany dijo lo siguiente:

«You know what Bogotá? I love you and… I’m gonna miss you».

Tembló la 222 ante estas palabras que retumbaron por todo el escenario.

¡Alabama Shakes lo estaba haciendo de maravilla! ‘Miss You‘ fue la siguiente entrega. A las miles de personas presentes se les partió en dos la voz mientras cantaban esta canción. Todo era tan emotivo y perfecto que por momentos costaba creer que ese momento tendría un fin y que nosotros también les diríamos we will miss you too. Nos declaramos suyos, y ellos eran nuestros por esa hora que todos deseamos fuera eterna. Junto a ‘Be Mine’, ambas fueron como esos momentos en que el coro de las iglesias alza su voz y todos los fieles levantan las manos poniendo la voz en el cielo. Bogotá estaba congregada alrededor del soul de nuestra generación.

‘The Greatest’ vino después para retomar la fuerza con la que había arrancado la presentación. Esa batería punk con la que inicia nos puso a saltar a todos, mientras nos chocábamos un poco como queriendo hacer un pogo.

Casi como la primera vez que escuché este corte, me dieron ganas de saltar y cantar al mismo tiempo; pero, la energía era tan grande que las dos cosas resultaron imposibles. Exhausto  y casi sin aire, llegó el momento que llevaba esperando desde los 15 años. Esa guitarra que se sentía a lo lejos anunciaba la canción que me hizo enamorar de estos gigantes.

Con lágrimas en los ojos, y tratando de recuperarme luego de ‘The Greatest’, puse todas las fuerzas que me quedaban y canté junto a mis amigos ‘Hold On’ —esa bellísima canción que a todos nos conmovió la primera vez que la escuchamos—. La batería lenta y sentimental nos llegó a todos como un destelló de vida; después, la guitarra con aires de rock sureño, y, por último, la melodiosa voz de Britanny que por momentos se quebraba.

«Bless my heart, and bless yours too», la belleza de esas frases nos envolvía mientras señalábamos a la banda, y sabíamos que ellos nos hablaban también. Los dedos al cielo en  «There must be somebody up above sayin’ / Come on, Brittany, you got to come on now!». Las sonrisas en sus caras y, lo que más sorprendió a todos los presentes: ¡las pequeñas lágrimas de Brittanny al momento de terminar esta canción!

¿Alguna vez eso había sucedido, en un concierto, aquí en Colombia? Quizá sí.

Pero como para muchos de ustedes, incluso para mí, esta fue la primera vez en que una banda como Alabama Shakes se conmovía ante la respuesta de un público que los recibió como si estuvieran tocando en casa. ¿Ustedes sintieron esas lágrimas?; ¿también lloraron de la emoción al saber que eso estaba pasando? No dudo en decir que sí, que, como yo, también compartieron el sentimiento.

Nombrar la vestimenta del artista puede resultar algo estúpido, e incluso innecesario, pero ese día Brittany lucía un vestido amarillo dorado —como toda una reina— con algunas líneas de diseño café, y una capa todo el conjunto.

Después de dejarles esa imagen, retomo esta crónica con el broche de oro de esa noche. Utilizando la más alta coquetería, nuestra querida visitante soltó su capa en el momento que la banda dio inició a ‘You Ain’t Alone’ —otra de mis favoritas del Boys & Girls—. Igual que con ‘Miss You’ y ‘Be Mine’, la banda interpretó este tema junto a ‘Over My Head’ para dejar que el público descansara un poco, pues el cierre del concierto prometía ser épico. Después de estas dos canciones, la hermosa Howard volvió a colgarse la guitarra.

Aunque yo sabía qué canciones les quedaban por tocar, me hice una pequeña ilusión con que podrían regalarnos ‘Heartbreaker’. Pero quizá lo tengan guardado para la próxima vez que nos visiten.

Los poderosos acordes de ‘Don’t Wanna Fight’ nos llegaron hasta las venas, y se colaron directo en nuestro corazón. Ese momento en que Britt ahoga un poco la voz antes de decir ‘My life / your life’ resultó maravilloso, pues todos los que me rodeaban hicieron lo mismo, todo por querer seguirle el paso.

Como si se tratara de un himno, lo que sucedió durante esa canción se sintió como si la voz de la cantante se viera opacada y en cambio todos nosotros hubiéramos tomado el escenario. La guitarra  y la batería marcaron el baile. Aun hoy, el estribillo todavía se repite en mi mente, a una semana después de su presentación

«I don’t wanna fight no more, I don’t wanna fight no more»

‘Gimme All Your Love’ con su dualidad de fuerza/calma nos hizo disfrutar mientras lentamente cantábamos el primer verso.

El piano fue el héroe de esta canción, sin él no habría sido lo mismo. Sus notas nos sedujeron hasta que la canción se alzó y la batería tomó el protagonismo. Luego vino el arrullo de la voz, el piano y por segunda vez explotó todo; el escenario Tigo Music se iluminó a cada golpe de los platillos. Esa suavidad en la mitad de la canción bastó para que el público ovacionara a la banda antes de que se terminara su presentación. Llegó la parte instrumental de la canción, el solo de guitarra con el que Britt nos puso los pelos de punta y de nuevo esa poderosa entrada de la voz. «Gimme all you got babe».

Lo entregamos todo durante esa hora en que por fin supimos lo que era vivir un concierto de esta banda. Bajé la mirada y sin decir una sola palabra, sentí que estaba compartiendo la misma emoción con la pareja que se encontraba a mi lado. Luego busqué a mis amigas, y casi sin voz, después de haberlo dado todo, les dije: ¡No puedo con esta felicidad! ¡¿Son conscientes de lo que acaba de suceder?! Me sonríeron, y solo con eso supe que la misma emoción se había apoderado de ellas.

Antes de salir corriendo hacia el escenario Huawei, para poder ver a Jungle, le escribí al team de Escena Indie para pedirles que me dejaran escribir esta nota, argumentando que había sido una de las mayores experiencias religiosas de mi vida.

Luego de eso, me detuve un momento, cerré los ojos,  y  por un segundo sentí que mi alma se había elevado hasta el cielo. Volví a la tierra sintiéndome feliz por saberme uno más en el paraíso de esa divinidad musical que lleva por nombre Alabama Shakes.

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