Cine – Escalante: la violencia gris

Por: Tomás Niño 

Una bala en el pecho y un corazón enamorado cambiarán a una persona para el resto de su vida, las dos posibilidades podrán tener consecuencias trágicas, o, por el contrario, liberadoras. La violencia no está tan lejos del amor, son líneas paralelas que coquetean y se entrecruzan cuando se necesitan. Así nos lo ha mostrado Amat Escalante, joven mexicano ganador a mejor director en el Festival de Cannes 2013 por su tercera película, Heli. Pero no vayamos hacia el final, todavía, como en el cine, el placer está en la experiencia de lo que se vive.

Escalante es un director que decidió abrirse paso por si solo. A sus quince años dejó el colegio porque tuvo conciencia de que su vida sería la imagen en movimiento. Decidió estudiar en España pero la academia cinematográfica y el orden establecido le demostraron que no eran lo suyo, a los seis meses desertó dándose cuenta de que su forma particular de ver el mundo, su pasión, persistencia y ganas, eran suficientes para crear, se dejó llevar por sus influencias de autores como Fassbinder, Herzog, Bresson, Tarkovsky y Kubrick.

Sangre

Su ópera prima fue Sangre (2005), una película en donde las relaciones personales están tan quebrantadas, que la vida carece de sentido y de movimiento, donde la sangre es un combustible vacío que moviliza por inercia a hombres; donde el miedo a la soledad está creado no por el estar solo, sino forjado por aquel que nos hace sentir solos. Sangre es un film que guarda la violencia en el alma de sus protagonistas y que se enmascara en lo vínculos familiares que terminan siendo una gran farsa que corroe y destruye.

Tres años después la potencia de Escalante se vería con Los Bastardos, película hecha en los Estados Unidos, país en el que el mexicano vivió durante nueve años. Con un sabor a Funny Games de Michael Haneke, Bastardos explotó la violencia extrema como parte de la cotidianidad, mostró vínculos imposibles formados por la complejidad del ser humano que en medio de un mundo construido a través de la solides de las sociedades, está más solo que nunca, un mundo en el que todos somos bastardos a pesar de que nuestros padres nos reconozcan.

Heli

Heli

Tal vez una de las escenas más fuertes de la cinematografía mundial de los últimos tiempos se vería en Heli (2013), con un pene ardiendo en llamas en medio de una sesión de tortura que es presenciada por unos niños. La película, creada en el universo del narcotráfico paramilitar mexicano, no es una historia de violencia a pesar de que hace parte de ella, la fuerza recae en el amor. La familia vuelve a ser parte de la narrativa de Escalante y la crudeza violenta de su ficción, llega a una explosión que termina por producir un sinsabor de que todo lo que la violencia toca, lo destruye sin dejar un camino de regreso.

La obra de Amat Escalante está llena de contrastes, su independencia está en los matices y en el diálogo directo con la imagen, el sonido y la abstracción que hace de la realidad. Este hombre, amigo de Carlos Reygadas, director del que hablaremos en próximas semanas, continúa el camino libre de la cinematografía latinoamericana que no sigue los pasos de Hollywood.

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