Reseña: Two Door Cinema Club – Gameshow

Por: Daniel Ospina Follow @themockman

Hay ciertas bandas que suelen tomarse su tiempo para lanzar sus álbumes con el fin de tener control sobre todo lo que concierne al proceso creativo y la estabilidad de sus miembros en todo sentido. Pueden ser tres, cuatro o cinco años. Hay casos donde pueden tomarse 8 años si hablamos de Metallica o U2, e incluso más si hablamos de Daft Punk o Tool. Cuando los grupos hacen eso solemos esperar discos que conserven su esencia. Puede salir mejor o peor esa movida, pero la intención suele ser esa.

Two Door Cinema Club es justamente una de esas bandas que se toma su tiempo entre discos. Al principio su meta era conservar el estilo contagioso, cargado de voltaje y con guitarras fuertes pero bailables que explotaron maravillosamente en ‘Tourist History’. No les salió tan bien la jugada en ‘Beacon’, pero todavía podía decirse que caían de pie. En medio de la gira prolongaron un poco el buen momento en vivo con el EP ‘Changing Of The Seasons’, ultimo lanzamiento con la disquera Kitsune, pues a partir de entonces firmarían con Parlophone, la misma de Coldplay.

Este año comenzaron las grabaciones del tercer álbum del grupo norirlandes y el vocalista Alex Trimble dejaba claro que los puntos de partida en las nuevas composiciones eran David Bowie y Prince. La idea era en sus palabras hacer un “pop avantgarde”, cosa que no está nada mal. De hecho los adelantos, “Are We Ready (Wreck)?”, “Bad Decisions” y “Gameshow” a pesar de mostrar diferencias importantes con el sonido que acostumbraban, se podía decir que funcionaban. Pero el resultado final de su tercer álbum ‘Gameshow’ hace inevitable preguntarnos si nos engancharon con esos sencillos por ser genuinamente buenos, o solo por la expectativas de esperar un álbum “más avantgarde” a 3 años de ‘Beacon’.

“Are We Ready (Wreck)?” abre el álbum con una tónica algo diferente de lo que acostumbraron en sus dos álbumes anteriores. Más madura, con influencias más definidas del blue eyed soul pero aplicadas desde una óptica indie. Lo bueno es que los coros atrapantes, los ritmos pegadizos y locos persisten, sobre todo en la batería. Lastima que la tendencia no se repita mucho en el resto de canciones. “Bad Decisions” funciona a pesar de ser extrañamente convencional para lo que acostumbra la banda, pero en “Ordinary” las cosas se comienzan a torcer con ritmos más aburridos y predecibles. Casi como si la creatividad se hubiese agotado antes de tiempo.

Por fortuna llega al rescate la mejor del álbum por paliza, “Gameshow”. Sigue un poco la idea del ‘Beacon’ pero con más sintetizadores de por medio. Produce una sensación de trance pero a la vez dispara la adrenalina sin complejos. Muy por el estilo de canciones suyas como “Wake Up”, pero con una idea que definitivamente muestra cosas del Bowie más sintético.

Ojala y el álbum hubiese seguido esa dirección, pero no. Nuevamente pierden el rumbo en “Lavender” con una canción más ligada al pop en plan Beyoncé o Rihanna que pasa sin pena ni gloria. El tono disco de “Fever” intenta enmendar las cosas sin lograrlo del todo. Eso sí, se le abona que capturó bien los arreglos característicos de la música disco desde los sintetizadores que bien pueden emular violines o trompetas.

Llega el momento del medio tiempo con “Invincible” y una vez más el grupo toma vuelo. Un synthpop con bastante soul en la voz de Trimble y un coro bastante sólido le dan chances para ser una fija en sus directos. El pulso disco vuelve en “Good Morning” y con ello vuelven a quedar mal parados, sonando más como una versión floja y sin ímpetu de Phoenix que como el grupo que inmortalizó “I Can Talk” o “Sleep Alone”.

Two Door Cinema Club - Gameshow

Lo más triste es que de ese golpe no se van a recuperar más, pues “Surgery” y “Je Viens De La” llegan y se van sin tener mayor trascendencia cerrando el álbum de manera lamentable. Tal vez la última destaque por su onda Bee Gees, pero queda muy lejos de lograr algo parecido a “enganchar” con el oyente.

Cambiar está bien. Hace parte de lo que una banda vive. Pero existe cambiar para bien y cambiar para mal. Duele aceptarlo, pero Trimble y compañía cambiaron para mal. Sacrificaron su factor de locura en favor de una madurez forzada y una adaptación muy floja de su sonido al disco revival de Daft Punk. Eso eclipsa totalmente sus intenciones de escribir líricas más serias, criticando la fijación de la humanidad en las redes sociales y cosas de esas.

Es una lastima (por no decir un desperdicio) que se tomen tanto tiempo entre discos solo para adaptarse a los tiempos que corren, concretamente para hacer de su música un cliché al mejor estilo de The 1975 o Bastille. Ya veremos cuanto tiempo les va a tomar buscar su revancha, pero entre más pronto lo hagan mejor.

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