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Sónar 2017: Balance general


Por: Pablo Chilito

Si nos habíamos tardado en hacer el balance general del Sónar Bogotá, que año a año venimos realizando de manera muy juiciosa, no es porque quisiéramos, sino porque los conciertos no han parado, y nosotros no nos hemos querido perder ninguno.

A pesar de agarrarnos por sorpresa, y sin plata en el bolsillo, por tercer año consecutivo fuimos participes de esa comunión de sonidos experimentales y electrónicos que lleva por nombre Sónar. Desde su anuncio, estuvimos especulando acerca de cuál sería el cartel que recibiría Bogotá para su edición 2017; después de algunos rumores y buenas noticias, nos encontramos con un line-up que prometía bastante y que, en la cabeza, tenía a una banda de vida como lo fue Sigur Rós.

Vale la pena decir que fueron más bien pocos los actos que presenciamos, pero de los cuales podemos señalar varias cosas que, a nuestro criterio, valen la pena ser dichas. Respecto al festival como tal, es decir, organización, locación y producción, sí existió una gran diferencia entre Multiparque y Corferias: llegar hasta el festival fue toda una travesía ya que atravesar la Autopista Norte, en especial un sábado, es bastante complicado; Multiparque es pequeño, comparado a su antecesor, sin embargo fue el espacio idóneo para la cantidad de asistentes; en ocasiones los artistas tuvieron problemas respecto al sonido o los equipos, pero fueron factores que lograron superarse. Por lo demás, nos agradó el festival.

Por último, queremos agradecer a Gabriela Jimeno por haber hecho posible esta experiencia.

Ahora sí, entremos en materia:

Julián Mayorga fue el primer acto que alcanzamos a ver, y decimos ‘alcanzamos’ porque el trancón casi no lo permite. Para nosotros, este fue uno de los shows más dinámicos del festival. Julián estaba allí, en el escenario, con su guitarra y su computador haciendo el trabajo de una banda entera. Dicen que nadie es profeta en su tierra, lo cual es cierto, pues muy pocas personas se preocuparon por darle la oportunidad a este músico nacional.

Lo que más nos gustó de su show, además de su entrega, fue el hecho de que tanto la parte musical como la visual jugaban un papel fundamental en el desarrollo de las canciones. Entre psicodelia y pura gozadera, Julián nos presentó un set que hizo recorrido por su discografía, con énfasis en su último disco ‘Nixon en la playa‘. Consideramos que es un show que no se debe dejar pasar, pues su belleza radica en el tono experimental que Julián le imprime a su puesta en escena. Bastante recomendado.

Después de Julián Mayorga, corrimos hasta el SonarClub para presenciar el regreso de Ela Minus a tierras colombianas. Este fue uno de los shows que más expectativa nos causó desde que anunciaron el cartel de festival. Hacia más de un año que Gabriela Jimeno, la mente maestra detrás de este hermoso proyecto, no se presentaba en Bogotá, por lo que era de los must de este año.

Nuevamente jugó el factor nadie es profeta en su tierra al momento de iniciar su show. Sin embargo, la presencia de Gabriela fue suficiente para demostrar porqué ya es una artista de talla global. Casi que de inmediato notamos la diferencia entre su último show en la ciudad (a mediados del año pasado) y esta presentación; y es que fue como si un halo de luz la hubiese envuelto para que fuera capaz de alumbrar, hacer vibrar y tomarse los corazones de los presentes. Sin duda, este fue uno de nuestros favoritos de este año, no solo por la madurez, y fuerza, que vimos en el escenario, sino porque también creemos que cada vez, a cada paso que da, confirma por qué es una de las artistas más importantes del país. Algo que siempre nos atrae de su show, es lo nuevo que resulta, lo experimental, lo “juguetón”; no somos espectadores, sino que somos parte de lo que está sucediendo en el escenario, y eso es muy grato. Esperamos que regrese pronto.

De la mano de Ela Minus, y justo después de su show, vimos, por primera vez en nuestro país, al músico norteamericano Shigeto. A pesar de que muchos de los presentes no lo conocíamos, al final del show fue despedido con bastante euforia.

Entre beats de hip-hop, música electrónica y jazz, este músico creó un acto que nos pareció lo bastante sólido y atractivo como para haber estado dentro del cartel. A medida que su show avanzaba, Shigeto experimentó con una amplia gama de sonidos que, en ocasiones, podríamos catalogar de avant-garde. Sin embargo, varias veces, el show se quedó corto en cuanto a la utilización de la batería, por lo que el público llegaba a desconectarse de la energía que el músico quería proyectar. A pesar de eso, estamos seguros de que no pasará mucho tiempo para que lo volvamos a tener en nuestro país.

Con ganas de seguir bailando, nos fuimos al SonarVillage para ver el show de las dominicanas MULA. Para aquellos que no lo recuerdan, este trío estaba programado para ser parte del pasado Festival Hermoso Ruido, pero debido a circunstancias que iban más allá de los organizadores, el show tuvo que ser cancelado y pospuesto para la presente edición del Sónar.

A pesar de que nunca las habíamos escuchado ni visto en vivo, este fue uno de los shows que más nos atrajo. Su mezcla de sonidos caribeños, entre los que alcanzamos a distinguir elementos del merengue, la champeta y el reggaetón, y su influencia electrónica, con elementos del synthpop, nos pareció la combinación ganadora para que este grupo “prendiera” el escenario. Sin embargo, en algunas canciones nos pareció que la “formula” de composición tendía a ser repetitiva, por lo que la atención se perdía un poco. Pero, como también se trata de conocer, y darle la oportunidad a los sonidos nuevos, les recomendados que, si alguna vez tienen la oportunidad, no se pierdan este live.

Justo después del show de MULA, nos devolvimos al SonarClub para el DJ set de Tokimonsta, artista a la que llegamos por un muy buen número de recomendaciones de amigos que ya la habían visto en la edición 2015 del Breakfest.

Su energía y buena disposición fueron de los elementos que más nos atrajeron de su show, que, por lo demás, fue más bien tranquilo. Para la artista norteamericana, cada track era sinónimo de alegría, pues la respuesta del público, durante todo el set, fue la mejor. Seguramente su live pueda tener más sorpresas, pero este DJ set nos dejó muy contentos.

Al instante, nos movimos al SonarVillage para la presentación de Andrés Schteingart, mejor conocido como El Remolón. Para nosotros, los actos que están relacionados al sello ZZK Records, por lo general, resultan bastante atractivos y merecedores de ser vistos en vivo. Este señor no fue la excepción.

Aunque no nos quedamos el tiempo justo, lo que alcanzamos a ver del show de El Remolón fue suficiente como para que lograra captar nuestra atención, además de confirmar ese merecido respaldo que hay tras su sello. La combinación de cumbia, sonidos andinos, y música electrónica, es de nuestras favoritas, por lo que este acto no se quedó atrás. Aunque nos hubiera gustado ver su live act, su DJ set estuvo muy bien para nosotros.

No sabemos muy bien cómo describir los actos de BarntRoman Flügel, correspondientemente, más allá de destacar el excelente show que dieron y la buena disposición que tuvieron durante sus presentaciones.

A pesar de haber tenido un par de problemas respecto al sonido, bastante notorios, estos dos grandes de la escena alemana nos dieron una de las mejores fiestas que hemos tenido en estos tres años del Sónar Bogotá. Y aunque no somos expertos en el tema, cosa que muchos podrán notar, la combinación de house/techno fueron de los elementos clave para que el público se mantuviera atento, receptivo, y muy activo durante las casi tres horas que duraron. Para nosotros, el mejor de estos dos fue, sin duda, Roman Flügel, aunque, ¿ustedes qué dicen?

Después de estos dos actos, nos dimos un merecido descanso, por lo que muchos, seguramente, se preguntarán dónde quedaron los actos de Dubfire o Pantha du Prince.

Respecto a Dubfire, esta tampoco fue nuestra oportunidad de verlo. Poco antes de que acabara el set de Flügel, decidimos darnos una vuelta por el festival. Alcanzamos a escuchar una media hora, más o menos, del Pantha. Para muchos fue un mal acto que hubiesen relegado al artista a la “carpa” secundaria del SonarVillage, pues mientras se presentaba, sobre el escenario se estaba llevando a cabo el montaje del show de Sigur Rós. Para nosotros, este fue un buen live.

Esperado por unos, poco entendido por otros, y bastante criticado, Mateo Rivano aka DJ Barba Roja. Vale la pena decir que para nosotros, este era uno de los actos más esperados de la noche.

Nos sentimos aliviados cuando cambiaron los horarios y su show fue movido para más tarde la noche; sin embargo, encontramos bastante molestia a nuestro alrededor con su show, pues muy pocos lo consideraron lo suficientemente bueno como para ser ‘telonero’ de Sigur Rós. Quizá no se deba a si fue bueno o no, sino a que gran parte del público, además de no conocerlo, no comprendió la puesta en escena que tiene este artista, que entre cumbias, acordeones y canciones rebajadas, dio uno de los shows más experimentales del festival; a pesar de eso, reconocemos el buen trabajo que hizo, y del excelente show visual que lo acompañó. Si no lo conocen, les recomendados que le peguen una buscada.

Por último, y tan esperado por todos los asistentes, fuimos parte de esa magia que lleva por nombre Sigur Rós. 

Debo confesar, y en esta ocasión sí hablo como Pablo Chilito, que esta era una de las bandas que antes, quizá hace unos dos o tres años, no me causaba el mayor interés. Pero, como todo, las cosas cambian… Y mi percepción frente a la banda, y su live show, en especial, cambió después de presenciar, apenas, la primera canción.

A decir verdad, no sé muy bien cómo describir este show. No alcanzan las palabras, quizá, para hablar de lo que vivimos los asistentes durante la madrugada del tres de diciembre. Fuimos llevados a través de paisajes sonoros, sensoriales y pictóricos; en muchos de nosotros se dibujaron las sonrisas, otros lloraron, otros no pudieron parar de aplaudir ante semejante acto. No hay duda de que este fue, de lejos, uno de los mejores headliners que este festival nos presentó. La favorita de la noche, por knock-out absoluto: Vaka.

Una vez más, un año más, damos gracias a Páramo Presenta por haber hecho posible esta edición de Sónar Bogotá. Esperamos, profundamente, volvernos a encontrar con este festival en la edición 2018, seguros de que, nuevamente, presenciaremos actos de tan excelente magnitud. Y confiamos en que, seguramente, el público será más receptivo frente a los actos nacionales, así como lo es con los internacionales. Se trata de ir, conocer y escuchar.

 

 

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