Top cine: Las 5 antes de la quincena del centenario

Por: Tomás Niño 

El acto de elegir una película favorita me intimida tanto como la soledad. En el momento que me pidieron escribir este top 5 debo aceptar que sentí miedo, sin embargo decidí lanzarme y ser tan injusto como la canción “Mamá ¿dónde están los juguetes?” y dejar por fuera una buena cantidad de films maravillosos que nos dejó el 2014. Si elegir una película me convulsiona, hacer un ranking me destruye, así que tan sólo daré mis 5 favoritas sin un orden establecido. No es que sea tibio, sino que siento que el cine no es un concurso de belleza. Post data, estuve muy de acuerdo con la coronación de la señorita Sucre en este año.

Relatos Salvajes (Damián Szifron, Argentina)

Los actos bárbaros que realizamos nos distancian tanto de los animales que la discusión sobre lo que es ser salvaje, se instala en un análisis antropológico tan alto que los más bestias sufrirían de toda culpa. Relatos Salvajes es la explosión de los deseos violentos más íntimos vividos en momentos cotidianos a través de 6 cortometrajes. A pesar de ser una película muy latina, su comedia negra describe a la perfección lo que somos como seres humanos. En la ficción la comedia es, en general, lo que le pasa a otros, por eso nos reímos y nos burlamos, a pesar de eso, esta película crea en el espectador una complicidad forjada en historias de las que pudimos ser protagonistas, en historias que hemos tratado de reprimir con nuestra razón y en sentimientos como la rabia, el odio y la venganza que tratamos de contener pero que muchas veces salen a flote.

Ida (Pawel Pawlikowski, Polonia)

Ida

Frío, es la primera palabra en la que pienso al recordar esta película por la sensación fílmica que propone. Hecha en blanco y negro, con un contraste alto y enmarcada en la Polonia invernal de 1960, Ida es una historia fuerte que habla sobre nuestras creencias y nuestra historia; su protagonista, de nombre homónimo al film, carga consigo el duro conflicto de haberse hecho católica sin saber que todo su pasado era judío. Bajo una dirección impecable, Pawlikowski propone encuadres que exaltan la tensión entre presencias divinas en el cielo y la pequeñez de una joven adolescente confundida por sus credos. La película es una tragedia tratada con sutileza y con un fuerte respeto al dolor de sus personajes.

El gran hotel Budapest (Wes Anderson, Estados Unidos)

Es difícil no resaltar el atractivo visual de esta película en primera instancia, no reconocer la influencia marcada de Stanley Kubrick sobre Anderson, no dejarse llevar por encuadres perfectos y sincronías obsesivas, no maravillarse con una paleta de colores pastel contrastada con la opacidad y tristeza de algunos de los personajes de Hotel Budapest. Sin embargo la película no se queda en la imagen ya que si fuera así, sería pobre. Su marca de agua, inteligente sobre la transformación europea de comienzos del siglo XX, se difumina en una comedia sencilla y ridícula enmarcada con brillantez en el valor de la amistad, lo que la hace contundente y bella. El gran hotel Budapest es una película que mira con nostalgia el pasado y que al mismo tiempo, crea pasión por el presente.

Gone Girl (David Fincher, Estados Unidos)

El trabajo en equipo entre David Fincher, Trent Reznor y Atticus Ross (últimos dos de NIN) parece volverse costumbre y entregar resultados similares: películas con una tensión máxima y un crescendo dramático imparable formado por la mezcla de la imagen y el sonido. La banda sonora de Gone Girl es increíble, el ambiente que genera es poderoso y en extremo preciso. El guion está basado en la novela homónima y fue adaptado por la misma novelista, Gillian Flyn, quien hizo un trabajo impecable con un juego de saltos en el tiempo abrumador. La sutileza y maestría de Fincher en crear suspenso hace que la historia de Nick Dunne (Ben Affleck) nos estremezca, haciéndonos poner en contra y a favor de él en múltiples pasajes de la película.

Boyhood (Richard Linklater, Estados Unidos)

Pensar que la producción de una película dure 11 años puede que no sea del otro mundo en nuestro país, alrededor de 7 años tuvieron que pasar para que el Colombian Dream (Felipe Aljure, 2006) fuera producida por razones económicas. Pero este no es el caso de Boyhood. La película sí tuvo un recorrido de 11 años pero lo tuvo por una razón, seguir la vida y evolución de una familia a través de los ojos del personaje principal, Mason (Ellar Coltrane). La producción de la película es transgresora y es parte fundamental de su magia, ver a Mason de 6 años y terminar con el mismo sujeto a los 18 es impactante. A pesar de esto el poder está en la carga emocional de lo difícil que es el crecer, lo doloroso que puede ser una separación y el tener que vivir con padres putativos que se hacen antagónicos. La fragilidad de la familia se hace evidente en Boyhood pero es muy bien contrastada con las acciones bondadosas de sus personajes, evitando así una postura maniquea de lo que significa familia.

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