Una década dorada de rock bogotano

Este artículo contiene algunas partes en primera persona, ya que el redactor hace parte de una de las bandas mencionadas.

Por: Camilo Cárdenas

Hacía el año 2008 Bogotá empezó a ser caldo de cultivo para una generación de nuevas bandas locales, al margen del circuito de bares y medios tradicionales de la ciudad, alejadas musicalmente de las propuestas consolidadas en ese momento y mucho más orientadas hacia un sonido contemporáneo. 

Para este año habían ocurrido hitos para la nueva música rock en la ciudad, como el concierto de The White Stripes en el Palacio de los Deportes en 2005 o la participación en el Festival Rock al Parque de bandas como los californianos Black Rebel Motorcycle Club o los ingleses Bloc Party, todos representantes de un nuevo sonido dentro del género en el mundo.

Esta nueva generación de bandas empezó a apostar por la autogestión, por la articulación orgánica y colaborativa entre bandas, y por alinearse con circuitos universitarios, como había sido característico durante aquella generación dorada del rock bogotano de los años 90.

Esta nueva generación de bandas empezó a apostar por la autogestión, por la articulación orgánica y colaborativa entre bandas, y por alinearse con circuitos universitarios, como había sido característico durante aquella generación dorada del rock bogotano de los años 90. Dentro de este nuevo circuito de bandas se empezaron a ver nombres como Le Battlefinger, The Ghetto Muppets, Red o’Clock, La Radio Flyer, Resina Lala y Nanook, El Último Esquimal.

Los integrantes de estas bandas provenían casi en su totalidad de ambientes artísticos y universitarios, y a través de varios colectivos y nuevos medios integrados por las mismas bandas, comenzaron a organizar ellos mismos festivales en pequeños recintos, a adquirir su propio equipamiento de concierto y a realizar su propia divulgación a través de métodos tradicionales como el volanteo y afiches callejeros, sumado al surgimiento y popularización de Facebook.

No solo los métodos de divulgación y proveniencia eran los puntos en común de estas nuevas bandas, también lo era su sonido, y esto es lo que nos empieza a orientar hacía lo que se definirá como garage rock. Seguramente no se trata de una etiqueta con la que las mismas bandas se definían, pero sí es posible realizar un marco a través de este término debido a que la propuesta musical en estas bandas era fácilmente catalogada como una respuesta a lo que la prensa internacional llamó Garage Rock Revival.

Esta fue entonces la propuesta que enmarcó a este nuevo circuito de rock bogotano, que no era simplemente instrumental o musical, sino que estaba íntimamente relacionada con los valores que se han venido planteando: autogestión, independencia y crudeza. Esto era manifestado además en una aproximación gráfica que se convertía en una declaración de principios: Esa estética amateur, de extrema sencillez y descuido, que tanto había espantado a aquella generación de transición, se convirtió en uno de los sellos distintivos de este naciente circuito.

Para este circuito fue fundamental la importancia que tuvieron empresas como Hate and Love y USM, que venían organizando conciertos de bandas internacionales en Bogotá para consolidar una audiencia más importante alrededor de los géneros indie rock y garage rock.

Bandas destacadas del panorama alternativo anglosajón como The Whitest Boy Alive, Belle and Sebastian, Warpaint o Los Campesinos hicieron recitales en Bogotá entre 2010 y 2011 gracias a la gestión de estas empresas. Lugares como Downtown Majestic, Teatro Metro, Teatro Ecci, de una capacidad mucho mayor, fueron los lugares de una peregrinación de un público alternativo que estaba regado por toda la ciudad. Esto ayudó a consolidar y agrupar una audiencia alrededor de influencias musicales similares, aspecto que aprovecharon las bandas locales para apuntar con su propuesta. 

Uno de los primeros antecedentes de este sonido garage rock en Bogotá fue la banda La Radio Flyer, conformada en 2005. La Radio Flyer representó la influencia que tuvieron bandas norteamericanas de este género como The Strokes o The Libertines en músicos colombianos que provenían de círculos de reggae, ska y punk, con más asiento en la cultura musical de la ciudad.

Esta banda fue una gran puerta de entrada para conocer otros grupos con los que compartían cartel frecuentemente y que representan un estado de época: The Ghetto Muppets, Le Battlefinger, Those, Resina Lala, The Old Man Stereo y especialmente Nanook, El Último Esquimal.

Esta última fundada en 2005 por Daniel Zambrano y David Beltrán, recibió la influencia directa del sonido de The Strokes, The Vines o The White Stripes, pero desde un primer momento trabajaron en que la banda no fuera una reproducción de las otras, sino una respuesta, surgida desde Bogotá, con todo lo que esto implica.

Nanook habla de un verdadero comienzo a partir de 2008, cuando la banda se conformó más formalmente. En este momento experimentaron una transición hacia influencias, se podría decir que más sofisticadas, como Nick Cave o Johnny Cash.

A través de este proceso llegaron a ejercicios narrativos mucho más elaborados, que iban convirtiendo a Fulgencio y a Nanook en cronistas y contadores de historias, la mayoría de veces con narraciones propias y algunas otras con ejercicios de adaptación como “Un chico llamado Sue” de Johnny Cash al español, y más específicamente a un dialecto bogotano.

EL ESPÍRITU GARAGE SE TOMA BOGOTÁ (2012 – 2015)

El trabajo de estas bandas de la primera generación inspiró a músicos más jóvenes que en un comienzo eran asistentes a los conciertos subterráneos en Martinika, La Pola y demás bares de Chapinero, quienes empezamos a comprar nuestros propios instrumentos y a componer canciones.

Es así que hacía 2012 varias bandas como Electric Mistakes, AppleTree, Go Out Strangers, No Stories o The Kitsch estábamos conformadas, realizando los primeros toques bajo los mismos principios de autogestión y creación de redes entre bandas, en una dinámica de “organizamos un concierto y los invitamos, y luego ustedes organizan un concierto y nos invitan”. 

Gran parte de esta agenda de conciertos empezó a ser reseñada y divulgada por medios constituidos gracias a los esfuerzos de bandas anteriores, por lo que estas dos generaciones empezaron a fusionarse dentro de los mismos espacios.

Una de las bandas más destacadas de esta segunda generación fue The Kitsch, quienes con un trabajo incansable y un sonido versátil que les permitió moverse en espacios más orientados al punk, al psychobilly y parches similares, llegaron a ser protagonistas de uno de los episodios que impulsó a este circuito a un siguiente nivel. 

En 2013, The Kitsch fue elegido para ser acto de apertura de la banda norteamericana The Black Lips, uno de los referentes del género, lo que claramente fue un punto de quiebre.

Ver aquí ‘La noche garage de The Black Lips y The Kitsch en Bogotá’

Ese mismo año, The Kitsch recibió la invitación para realizar una gira de conciertos por México. En este momento el único antecedente de giras internacionales dentro de este circuito eran los viajes realizados por Nanook a Ecuador y Perú, aunque no se trataban de una gira propiamente dicha, sino más de una especie de viaje espiritual orientado a la composición introspectiva, y algunos pequeños conciertos acústicos.

De esta manera The Kitsch viaja a México para realizar esta gira que tuvo una repercusión importante dentro de su audiencia en Colombia. Al regresar, los conciertos eran cada vez más concurridos y la energía era mucho mayor. Más personas cantaban las letras de las canciones y el ambiente era más caótico.

En 2015 lanzan una canción llamada “Hay un Monstruo en Mi Casa” que fue publicada originalmente como video de Youtube, y lejos de ser un clip con buena edición y alto presupuesto, consistía únicamente en una toma de la banda en una sala de ensayo. De esta manera se empezaron a destacar las cifras de canciones como esta, uno de los primeros videos de estas bandas en superar las 10.000 vistas. Más importante aún, de manera orgánica, sin pagar pautas digitales.

Gran parte del impacto que tuvo esta canción se dio por la participación de un actor que será determinante en el crecimiento de este circuito más adelante:la estación de radio pública Radiónica. Músicos como Sebastián Rosas, Daniel Zambrano y el propio Albert Medina nos ofrecen un panorama de lo que hasta este momento representaba la parrilla de Radiónica: propuestas con altos estándares de producción,recurrentemente asociados a propuestas mucho más elaboradas. 

Desde la perspectiva de Radiónica, es claro que en su momento bandas como Monsieur Periné o Bomba Estéreo provenían de circuitos “underground”, en la medida en que estaban al margen de una gran industria mediática. Sin embargo, bandas como The Kitsch o Nanook presentaban propuestas que provenían de lugares aún más recónditos, una suerte de “underground del underground”.

La inclusión de “Hay un Monstruo en mi Casa” realmente constituye un punto de quiebre para el circuito de garage rock en Bogotá, en la medida en que fue la puerta de entrada para toda una generación de bandas a una plataforma que les daba mayor legitimidad, y progresivamente se fue convirtiendo en su nicho natural.

Este proceso no solo contribuyó al crecimiento de The Kitsch como propuesta, sino que fue apertura de un espacio como Radiónica para una camada de bandas con sonidos similares, que también venían realizando esfuerzos desde lo subterráneo, como Los Maricas o Las Yumbeñas.

De manera paralela es importante hablar de espacios como Fulano Backpackers (Quinta Camacho) y Casa Zeb (Palermo), que  dedicaron casi todos los viernes y sábados entre 2015 y 2017 a tener conciertos de bandas locales y en ocasiones bandas invitadas de Venezuela, México o Argentina. Por estos lugares pasaron incontables músicos con excelentes propuestas estéticas y ensambles envidiables. Seguro se me pasarán muchas, pero como ejercicio de memoria podría mencionar que allí tocaron en vivo Los Sids, Las Malas Lenguas, Stallone, Los Pistoloss, Cold Tropics, Petite Monster, Estado Monomental, Bestiario, Cruel Cruel, Whites, The Tripas Corazón, Ser Sónico, Rabbit Leg, Old Youths, Viola Bloom, Estación Matinée y The Walkers, entre muchos otros.

Estos espacios se convirtieron en una importante plataforma en el desarrollo de bandas emergentes debido a que el público que descubría a bandas como The Kitsch, Las Yumbeñas o Nanook a través de Radiónica ubicaba a estos lugares como su lugar de residencia, como un lugar destinado al descubrimiento de nuevas propuestas, en el que se daban cita músicos, nuevos seguidores y audiencia con mayor tradición desde la época de las primeras bandas de garage bogotano.

La contribución que significaron estos episodios para el crecimiento y consolidación de este circuito se vio complementada de manera contundente con un reconocimiento que hizo de 2015 un año dorado para el Garage Rock bogotano. En las últimas semanas de este año, Radiónica realizó su tradicional especial dedicado a las 100 mejores canciones del año, dentro de las cuales se destacaban títulos de rock nacional orientados a una producción mucho más elaborada y pulida.

A esto se sumaban propuestas orientadas a la fusión, mientras que las propuestas surgidas del espíritu callejero, de pequeños bares y con grabaciones de baja fidelidad, aparecían esporádicamente con títulos como “Being Smart Will Be Hard” de Go Out Strangers y “Hay un Monstruo en mi Casa” de The Kitsch, a mitad del conteo.

La gran sorpresa llegó cuando se anunció que el reconocimiento de canción #1 del año en Radiónica era para “Lou, Candy y Lisa” de Nanook, El Último Esquimal. 10 años después de la formación de la banda, se les otorgaba este reconocimiento que dentro del circuito se sintió no como un reconocimiento solo para la banda sino para todo el circuito que Nanook había contribuido a consolidar.

“Lou, Candy y Lisa” fue el principal sencillo de “El Pánico no se azara”, primer álbum formal de Nanook, lanzado en ese mismo 2015. Su producción estuvo a cargo de Juan Carlos Rojas, bajista de 1280 Almas en el estudio La Coneja Ciega. Esto hace más claro el vínculo entre la propuesta de Nanook y aquel espíritu de los 90 que “Las Almas” siguen encarnando. 

“El Pánico no se azara” es un álbum cargado de narraciones urbanas de las que su sencillo “Lou, Candy y Lisa” es la más representativa. Esta canción ubica al mítico cantante neoyorquino Lou Reed, y a sus personajes ficticios Candy y Lisa, por la carrera Séptima con 60, así como comprando drogas a los mariachis de la avenida Caracas, o simplemente deambulando por la Jiménez con quinta, en el centro de Bogotá.

“El Profe” Álvaro González, director de Radiónica, menciona que en “El Pánico no se azara hay un retrato perfecto de una Bogotá soñada, pero no maquillada… Para Radiónica, Nanook significó un aterrizarnos más en la calle. Hubo que buscar nuevos lenguajes”. Eso constituyó una de las claves por las que esta canción, y el álbum en general, tomaron mayor relevancia y se entienden como  su poder documental. 

EL ESPÍRITU GARAGE NO MUERE (2016 – 2018)

2015 fue sin duda un año muy importante para el desarrollo del circuito de garage rock en Bogotá a través de los episodios que hemos revisado; sin embargo, no se trató de un pico tras el cual viene el declive, como suele ocurrir en muchos casos, sino que al contrario fue un año que permitió un mayor crecimiento de las bandas que venían trabajando de tiempo  atrás y el surgimiento de nuevas propuestas asociadas a esta estética garage.

Al entrar 2016 una nueva banda empezó a posicionarse dentro del circuito local, gracias a su capacidad de articularse con “parches” y eventos de punk, de indie y de corte artístico/universitario a la vez, agregando un elemento que había brillado por su ausencia en años anteriores: es el papel de las mujeres dentro de este circuito. Esta banda es Las Yumbeñas.

Su primer sencillo titulado “Melancólica” exhibe una combinación entre sonido e instrumentación punk y unas melodías vocales sacadas del pop nueva ola de los 60, llamado en Colombia “música para planchar”. Esta canción entró directamente a la rotación de Radiónica, bajo estándares puramente garage, lo cual es un indicador del cambio de juego que había ocurrido con bandas como The Kitsch y Nanook.

Las Yumbeñas es una banda formada por Daniela Parra y Laura Vargas, surgida en el entorno de la Universidad Nacional en 2015, con una inusual mixtura entre pop latinoamericano al estilo de Belanova o Miranda, y bandas de punk en español. La faceta más “punk” de parte de la banda provenía también de la cercanía personal con Rat-Trap, espacio dedicado de lleno a la cultura de la autogestión a través de conciertos, talleres de serigrafía, sala de ensayo, entre otras. Este espacio fue cuna de bandas destacadas como Puter y Espinoza.

El crecimiento de Las Yumbeñas se dio en gran medida por una forma de trabajo orientada a la colaboración con amigos, primando valores que han caracterizado a este circuito como la autogestión y la disposición a tocar en escenarios y contextos de cualquier dimensión. Esto las ha llevado a estar en el centro de una red en la que se conectan con diferentes colectivos y esfuerzos, como Rat-Trap, Discos La Modelo (Nanook, Nerds) y Rompeolas (Quemarlo Todo Por Error), entre otros.

Ver aquí la nota del álbum «Me cansé de llorar voy a vomitar»

El impulso que generó dentro de la banda la buena reacción que tuvo su primer sencillo, llevó a un trabajo constante que conllevó a la publicación de su primer álbum en 2017, titulado “Me Cansé de Llorar, Voy a Vomitar”, que tuvo gran aceptación dentro del público cada vez más creciente. Un indicador de esto fue su inclusión en el festival Soma de ese año, en el que hubieran compartido cartel con bandas de renombre internacional como Phoenix y Neon Indian (si no se hubiera cancelado).

Por esta época, y precisamente asistiendo a un concierto de Las Yumbeñas en Casa Zeb, conocí a una banda que a la luz de los acontecimientos posteriores significó un nuevo punto de quiebre, especialmente por su propuesta atrevida y la conexión que sentí con los asistentes esa noche. Eran Los Pantalones Elegantes, una fugaz banda orientada al rock experimental y al jazz que tuvo corta vida para dar paso a un cambio de propuesta musical a pesar de la permanencia de los mismos integrantes, bajo un nuevo nombre: Nicolás y los Fumadores. 

La propuesta musical presentada por Nicolás y los Fumadores establece una renovación al sonido garage rock, un cambio que se venía presentando a nivel global desde 2013 y  2014. Esta renovación se ha asociado frecuentemente al sello neoyorquino Captured Tracks, en el que la generación de bandas anglosajonas de comienzos de los 2000, como The Strokes y Arctic Monkeys, dejaron de ser los principales referentes para dar paso a la popularización de músicos como el canadiense Mac de Marco, y las bandas neoyorquinas DIIV o Beach Fossils.

Los Fumadores surgieron de un circuito proveniente del norte de la ciudad que bebía de este nuevo estilo de garage rock y que comenzó un activo proceso de eventos autogestionados y sentido de comunidad. Dentro de este círculo encontramos algunas bandas como Bliss y Novia Cadáver, que buscaban un poco más de sofisticación en lo que a interpretación se refiere.

Sin embargo, su articulación con nodos del circuito garage de más trayectoria se dio naturalmente, en la medida en que empezaron a ser convocados para conciertos en los que compartían cartel con bandas como Las Yumbeñas o The Kitsch en lugares de Teusaquillo y Chapinero. Allí se da un encuentro de dos segmentos o “parches” de músicos bogotanos con influencias y propuestas similares, pero que crecieron de manera independiente y en puntos geográficos diferentes de la ciudad.

En el caso de Los Fumadores, una de sus características más notorias fue un trabajo narrativo en las letras de las canciones enfocado a la creación de escenarios y contextos muy relacionados con la vida en la ciudad. Aunque para Los Fumadores no hubo una influencia directa de bandas como Nanook, que desarrollan este componente, sí se evidencia un vínculo de cómo la experiencia urbana ha permitido crear un lenguaje con el que la audiencia se puede identificar.

Dentro del desarrollo de la agenda de conciertos que realizó Nicolás y Los Fumadores en su proceso de crecimiento, se destacan episodios interesantes que conectan varios nodos y evidencian la naturaleza de este circuito, como ocurrió con un concierto agotado en Cassius Bar de Los Fumadores junto a Nerds. Fenómeno similar ocurrió al año siguiente con el lanzamiento de su primer disco, “Como Pez en el Hielo”, también agotado en el Espacio KB, el cual ocurrió en el marco de “Burguer Revolution” organizado por Albert Medina de The Kitsch.

La renovación propuesta por Nicolás y Los Fumadores tuvo un efecto muy importante, no solo dentro del público que empezó a seguirlos en cada concierto que hacían, sino sobre una generación de músicos que encontró en esta renovación, inspiración y entusiasmo para encontrar su propia voz y comenzar sus propias bandas. Mientras 2016 fue un año de crecimiento acelerado para Los Fumadores, otras propuestas de esta línea genealógica seguían abriendo camino para los sonidos de rock independiente.

La referencia puntual es a la inclusión de The Kitsch y Electric Mistakes al cartel del Festival Estéreo Picnic en su versión 2016. Al igual que ocurría en el caso de Radiónica, Estéreo Picnic había sido un espacio orientado a propuestas mucho más elaboradas; sin embargo, en este año decidieron invitar a hacer parte de su cartel a bandas formadas en los bares de Bogotá, con propuestas más crudas.

La participación de ambas bandas en esta edición del festival vuelve a romper un nuevo techo de cristal para ganar un espacio que se veía inaccesible para bandas sin apoyo de una industria discográfica, lo cual conllevó una inclusión cada vez más importante en esta plataforma de bandas de garage rock, como ocurrió al año siguiente con Nanook, El Último Esquimal en la edición 2017, y la versión 2019 que incluyó a la nueva generación de bandas como Las Yumbeñas, Quemarlo Todo por Error y Nicolás y Los Fumadores.

EL FUTURO DEL GARAGE ROCK BOGOTANO (DE 2018 EN ADELANTE)

La propuesta construida por Nicolás y Los Fumadores causó una renovación dentro del circuito garage rock bogotano, debido a que su posicionamiento inspiró a una nueva generación de músicos que volvieron a apostar por la composición a través guitarras eléctricas y baterías. Dentro de esta generación de bandas se destacan casos como Distimia Agorafóbica, Bonanza y Quemarlo Todo Por Error, siendo esta última la que ha ganado mayor notoriedad gracias a su trabajo prolífico y su interesante tarea de comunicación.

En el caso de Quemarlo Todo por Error, se destacan como referentes en el tema de la autogestión. Han adoptado prácticas que tradicionalmente estaban asociadas al circuito punk, aunque con una propuesta alejada de este sonido, adaptándolas a la era digital en que vivimos y obteniendo unos resultados asombrosos.

Con el cierre de la década encontramos un panorama promisorio: la posibilidad de elegir entre una agenda de conciertos muy atractiva cada semana, lugares que siguen apostando a la música en vivo y al poder que la música de guitarras eléctricas sigue transmitiendo, músicos jóvenes que se resisten a que este género sea asunto del pasado y trabajan por presentar propuestas renovadas y relevantes. 

Prueba de esto son lanzamientos como «Mar de Hiladas» de Babelgam, con su impecable “Hikikomori”; «Pretéritos Perfectos» de Nerds; «Yumbotopía», el segundo disco de Las Yumbeñas; «El Funeral del Abuelo», de Juliana Quédate Otro Día;y «Recuerdos de Un Verano» de Los Viles, entre tantos trabajos que nos muestran que el rock bogotano, salido de los barrios y hablando con voz propia, seguirá avanzando en búsqueda de oídos curiosos, ávidos de canciones que hablen de nosotros, de nuestra ciudad, nuestra cotidianidad, nuestros miedos, de aquí y ahora.

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